Ponte en mis zapatos. ¿Tu qué harías?

Alta Autoestima: Ponte en mis zapatos: ¿tú qué harías?

Lectura: 6 min. Reflexión: todo el día.

Cuántas veces hemos dicho o nos han dicho: “Ponte en mis zapatos“. Y seguidamente nos sueltan un… “¿Tú qué harías?”

Estamos pidiendo (o nos están pidiendo) un consejo. Pero … ¿sirven en realidad estos consejos?

¿Es esto síntoma de Alta Autoestima o de baja Autoestima?

Decía Oscar Wilde: “Yo siempre traspaso los buenos consejos que me dan. Es para lo único que sirven

Pero… ¿y por qué los pedimos? Puede haber varias razones:

  • Creemos más valiosas las opiniones de los demás; les creemos con más criterio (y eso que no están en nuestros zapatos y no saben todo lo que implica la situación que estamos viviendo). Esto denota una Autoestima Baja, puesto que damos más valor a los demás que a nosotros mismos.
  • Nos importa mucho la opinión de los demás. También denota Autoestima Baja, puesto que nos sentimos muy influidos por la opinión de los otros.
  • Estamos con dudas. Que pueden ser razonables, pero nadie mejor que nosotros para aclararse.
  • Queremos dar importancia al tema que nos ocupa (y así sentirnos importantes) haciendo partícipe a otra/s persona/s. ¿Alta Autoestima? Más bien baja.
  • Queremos oír distintas opiniones a ver si hay por ahí alguna solución mejor que aquella por la que me estoy decantando.
  • Queremos sentir aprobación. ¿Alta Autoestima? Más bien lo contrario.
  • Queremos hablar de nuestro “problema”, y además sentirnos importantes. Y, como ya hemos visto en algún otro post de Alta Autoestima, no es bueno revivir nuestros “problemas” o malos rollos, porque revivirlos es volver a sentir la energía negativa que el hecho nos generó en ese momento.
  • La paralización por la perfección. Queremos optar por la decisión perfecta, y necesitamos saber todos los datos antes de decidir. Tener toda la información es difícil, y como queremos hacerlo perfecto, no avanzamos, nos paralizamos.
  • Miedo al fracaso: no quiero elegir la opción errónea. Me paralizo y no elijo ninguna, para no equivocarme. Pero en realidad, no hay fracaso, sólo hay resultados no esperados.

Por otra parte, decía Erasmo de Rotterdam: “No des tus consejos antes de que te sean pedidos”.

Y digo yo… ¿Cuántas personas esperan a emitir su categórico consejo antes de ser éste pedido? Pocos, poquitos, pocos.

Y… ¿si te lo piden?… ¿puedes ser capaz de dar un buen consejo? Algunos dicen que hay personas que dan buenos consejos y hay otras que mejor no den ninguno. Pero… ¿cómo podemos ser capaces de dar un buen consejo a alguien si no es posible estar en sus zapatos?

Muchas veces, nos gusta jugar a ser los héroes en situaciones ajenas. Queremos ser ese que hace lo justo, lo que está bien. El que sabe en todo momento qué hacer, qué pasos dar, qué decisión tomar. Nos gusta vivir películas en las que somos resolutivos y avanzamos con la cabeza bien alta. Pero muchas veces parece que avanzamos más escribiendo el guion de las películas ajenas, re-escribiendo la historia de su vida, y el futuro que afronta, que lidiando con las peculiaridades de la nuestra.

Cuando estamos sanos, todos tenemos buenos consejos para los enfermos“. Eso decía Terencio. Qué razón: todos sabemos lo que hay que hacer en todas las situaciones, cuando no son las nuestras.

Y la famosa frase anónima (creo): “consejos doy que para mí no tengo“. ¿Cuántos de esos consejeros son buenos admitidores de consejos ajenos?

Por otra parte, cuando damos o nos dan consejos, frecuentemente se comienza con frases categóricas como…

  • Lo que yo haría…“  (y digo yo… ¿seguro que lo haría?)
  • Lo que tienes que hacer…” (y digo yo… sí ¿no? ¿eso es lo que TENGO que hacer porque si no, ya todo será peor, verdad?)
  • Lo que debes hacer…” (uf!!! aquí metemos la lapidante y peligrosa fórmula del “debes hacer”)…
  • Yo en tu lugar…” (pero qué difícil es ponerse enteramente en el lugar del otro)

Normalmente, en lugar de ponernos en el lugar del otro, vamos con nuestros zapatos y nuestros hábitos (en todos los sentidos), miramos en la dirección que acostumbramos a mirar, levantamos el dedo, y emitimos un juicio. Porque cuando decimos: “yo en tu lugar”, no nos damos cuenta, que, si estuviéramos realmente en el lugar del otro, estaríamos igualmente en una encrucijada, no sabiendo qué hacer, y pidiendo consejo. Haríamos lo mismo que el otro está haciendo.

Por todo esto… quién es la mejor persona que puede darte un consejo: tú mismo. Nadie te conoce mejor que tú, nadie sabe tu situación mejor que tú, nadie sabe las repercusiones de las decisiones que tomes mejor que tú.

Así pues, TÚ, y sólo TÚ, eres quien puede aconsejarte.

Pero lo mejor ¿sabes qué es? Que eres tú quien lo vas a hacer, quien va a llevar o no el consejo o la decisión a la práctica, con lo que… puedes hacer lo que quieras, lo que te venga en gana, lo que creas que es lo mejor para ti. Eres tú quien va a poner en acción tu decisión. El otro, quien o quienes te hayan aconsejado, se han quedado en imaginar una solución para ti, pero tú la vas a vivir.

Hay una frase de Platón que me encanta: “los buenos son los que se contentan con soñar aquello que los malos hacen realidad.

No te digo que seas malo. Sólo te digo, que hay muchos que saben lo bueno que hay que hacer, pero sólo unos pocos, lo hacen.

Ejercicios para la Autoestima con respecto a los consejos. Te voy a plantear únicamente dos ejercicios muy sencillos:

  1. Piensa qué harías tú, y sólo tú, si fueses una persona con mucha confianza y seguridad en sí misma. Puedes pensar en alguien que conozcas (personalmente o no) y pensar cómo reaccionaría ella en esta situación. Aquí eres tú, con tus zapatos, pero con una actitud diferente, con la actitud de alguien con mayor confianza y seguridad en sí [email protected] Este ejercicio, además te ayudará a coger parte de esa confianza para ti, y contribuirá a crear una Alta Autoestima.
  2. Puedes hacer un cuadro comparativo. En una hoja (o varias), escribe en columnas las opciones entre las que tienes que elegir. Una columna por opción. Cada columna divídela en 2: una para los aspectos positivos y otra para los negativos. Escribe todos cuantos puedas. Estas columnas, y su comparativa, te ayudará a tener todos los aspectos más claros.

Y tú, ¿qué vas a hacer ahora? ¿Pedirás consejo? ¿Darás consejo? ¿Cómo vas a actuar ante los consejos? Deja tu comentario de este post “Alta Autoestima: Ponte en mis zapatos: ¿tú qué harías?” y coméntanos … ¿Cómo eres tú ante los consejos? ¿Cómo vas a ser a partir de ahora con los consejos?

Por Koro Cantabrana, experta en Liderazgo y Alta Autoestima

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