Hoy he leido una parte de un libro que me ha llamado la atención. En el libro se habla de cómo la riqueza está en el interior, y a veces nos esforzamos en buscarla fuera. Se habla de dinero y de ser rico, y qué significa eso para cada uno. Aunque se hable de riqueza, lo que «predica» puede ser también mostrar cómo se es educado con respecto a la Autoestima, y cómo lo que nos dicen, sobre todo de pequeños, incluje en que las personas construyan una Alta Autoestima o no.

El libro es «Acres de Diamantes» de Russell H. Conwell. En él se reproduce una de sus conferencias. Dicen que tal vez es la confrencia que se ha pronunciado más veces en la historia, y como libro ha sido recomendado en cientos de organizaciones por los grandes motivadores de este siglo. Habla de una historia con moraleja: todos disponemos de un gran potencial para hacernos ricos y a veces nos empeñamos en buscar tesoros exteriores.

Russell H. Conwell, fundador de la Temple University de Filadelfia, era escritor y conferenciante de éxito y predicó con su ejemplo animando a sus alumnos a luchar y a superarse a sí mismos.

Aquí os dejo una parte interesante, en el que un pastor cristiano anima a los que le escuchan a hacerse ricos, bajo el asombro de los educados en la idea de que un buen cristiano no tiene que ser rico.

«Declaro que usted debe enriquecerse, que es su deber hacerlo. Cuantos de mis feligreses me dicen:

– ¿Cómo es que usted, pastor cristiano, pasa su tiempo recorriendo el país para aconsejar a los jóvenes ser ricos y ganar dinero?

– Sí, claro.

Ellos insisten:

– ¡Pero es terrible! Por qué no predica usted el evangelio en lugar de hablar de enriquecerse?

– Porque enriquecerse honestamente, es seguir el evangelio. Esa es la razón. Los hombres que se enriquecen puede llegar a ser lo más honestos que se encuentren en la comunidad.

¿Son deshonestos los que tienen dinero?

Me pregunta un jovencito que está aquí esta tarde:

– Se me dijo toda la vida que si alguien tenía dinero, era deshonesto, poco honorable, mezquino y despreciable.

-Mi amigo, esa es la razón por la cual usted no es rico: porque usted tiene tal idea de las personas. El fundamento de su fe es falso. Tengo que decirle, clara y brevemente, pues esto podría ser objeto de una discusión que ahora no tengo el tiempo de abordar: el 98% de los hombres ricos de nuestro país, son honestos. Es por eso que ellos son ricos. Es porque son honestos que a ellos se les puede confiar el dinero. Es porque son honestos, que ellos fundan grandes empresas y encuentran personas dispuestas a trabajar para ellos.

Otro joven me dice: – Escucho hablar de hombres que tienen dinero deshonestamente.

– Sí, claro, usted escucha hablar de eso, yo también. Pero en verdad son muy raros los casos. De hecho los trabajadores hablan de ello todo el tiempo, a tal punto que uno tiene la impresión de que los ricos se han enriquecido deshonestamente.

– Mi amigo, lléveme si tiene un auto, al barrio donde vive la gente más rica de la ciudad, allí donde aquellos que poseen esas mansiones con jardines de flores, artísticamente construidas, y les mostraré que tienen el mejor carácter y las mejores empresas de la ciudad. Usted sabe que es verdad. Un hombre no es verdaderamente un hombre si no posee su propia casa, y aquellos que la tienen son honorables, honestos, puros de corazón, siguen las leyes, economizas y son prudentes, por tal razón tiene su casa.

– El hecho de que un hombre tenga dinero, incluso mucho, no es contradictorio con la honestidad. Predicamos contra la avidez bien es cierto, y usted sabe que lo hacemos, clara y frecuentemente, hablamos del lucro de tal forma que los cristianos tienen la impresión de que cuando se es pobre es porque se es honesto. Y tal juicio es falso. Cuando se es pobre, es simple y llanamente porque no se desea la vida y trabajar para lograr lo que se desea.

En una palabra, se tiene pereza a desear, y por lo tanto, se tiene pereza a vivir. Se vive de cualquier manera. Otra cosa diferente es, entrar a engrosar las filas de los consumidores.

Los consumidores son como bebés, consumen y consumen, no dan nada a cambio, no crean, no inventan, no quieren la mina de diamantes que tienen: su propia sabiduría.

Se puede hacer mayor bien con dinero que sin él ¿no?

– El dinero, es poder, y se tiene que ser suficientemente deseante para poseerlo. Es necesario, pues se puede hacer mayor bien, con dinero que sin él. Es el dinero lo que a permitido imprimir la Biblia, construir iglesias, enviar misioneros y pagar predicadores, y usted no tendrá predicadores si no les paga bien. Estoy dispuesto siempre a que mi iglesia, aumente mi salario, pues la iglesia que paga buenos salarios es siempre aquella que obtiene más fácilmente el dinero. Sin excepción a esta regla. El hombre que tiene el mayor salario es aquel que puede hacer mayor beneficios con el poder que le es acorde a sus intereses. Puede, claro, si hace prueba del espíritu que posee, empleando bien su dinero.

– Es por lo que afirmo que a ustedes les hace falta dinero. Es su deber de vivientes, deseantes, enriquecerse. Los piadosos cometen un terrible error, pensando que es preciso vivir mal para ser mejores.

Algunas personas me piden:– ¿Usted no tiene simpatía por los pobres?

– Claro que sí. Si no, no estaría dando conferencias durante todo el año, precisamente para que salgan de su pobreza. Pero el número de pobres que merece la simpatía es bien poco, realmente. Dar simpatía a una persona que piensa que Dios la persigue hasta castigarlo, es realmente tonto, y hacemos más mal no ayudando a aquellos que sí lo requieren. Debemos dar nuestra simpatía, a los pobres de Dios, es decir a quienes no pueden sostenerse por sí mismos, pero esto no quiere decir que haya que glorificarse de ser pobre y de no poderse sostener por sí mismo. Dios nos ha dado la abundancia y la riqueza. A nosotros nos toca utilizarla bien. Admitamos este argumento y dejemos esta discusión de lado.

Un señor vuelve sobre este punto y me dice:

– ¿No le parece a usted que existen más cosas en el mundo que tienen mayor valor que el dinero?

– Claro que lo creo, pero en este momento, es del dinero de lo que yo estoy hablando. Evidentemente que hay cosas más importantes que el dinero. Si, sé que existen en este mundo, cosas mas elevadas, más dulces y más puras que el oro. El amor es la mayor. Pero feliz aquel que ame y que tenga mucho dinero. El dinero, es el poder, es la fuerza. El dinero hace mayor bien que mal. Entre las manos de los hombres y las mujeres de bien, el dinero puede hacer y hace el bien».

Qué te ha parecid0? Qué piensas ahora?

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Por Koro Cantabrana, experta en Liderazgo y Alta Autoestima

 

 

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