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¿Por qué hacemos lo que hacemos?

¿Por qué hacemos lo que hacemos?

Lectura: 2 min.

  • ¿Sabes por qué haces lo que haces?
  • ¿Sabes si realmente tus razones respaldan tu bienestar?
  • ¿te das justificaciones “válidas”?
  • O… ¿Validas tus justificaciones?

Leyendo un post, Luis Pacheco, ingeniero y emprendedor, he recordado el experimento de los monos.

En su post, Luis Pacheco lo explica muy claramente: “se trata de un experimento científico en el que encerraron a cinco monos en una jaula. En el centro de la jaula, pusieron una escalera que permitía alcanzar un racimo de bananas. Cada vez que un mono intentaba alcanzar las bananas, rociaban a todos los monos con agua fría. Al cabo de un par de intentos, los mismos monos impedían que uno de sus pares subiera por la escala, pues entendían que eso significaba un chaparrón seguro.

En la segunda parte de este experimento, fueron metiendo un nuevo mono en la jaula, y sacando uno antiguo. El mono nuevo, intentaba subir la escalera y los demás lo golpeaban para evitar ser mojados, por lo que luego de un par de intentos, desistía y aprendía el comportamiento. Llega un momento en que todos los monos en la jaula son nuevos. Ninguno de ellos ha sido mojado, y sin embargo, mantienen el comportamiento y no suben por la escalera”.

Luis Pacheco relaciona este experimento con el emprendimiento y la situación actual. Muy interesante. Muy en línea con sus conclusiones, me gustaría fijarme más en la aplicación al ámbito personal de las formas de pensamiento y actuación en nuestro día a día (aunque está claro que ambos ámbitos, personal y profesional, van de la mano y son inseparables en la personas, porque van regidas por una cabeza pensante, un corazón sintiente y unos miedos o unas ilusiones motivantes)

Dicho esto,

muchas veces justificamos que hacemos las cosas porque “siempre se ha hecho así”,

porque, “en mi familia siempre se ha hecho así”, o, como Luís Pacheco bien dice, porque creamos cualquier razonamiento que se nos ocurra que dar validez a la actuación.

Llevemos esto a la vida personal de cada uno. Durante años, cada uno de nosotros hemos forjado hábitos y lo hemos incorporado de tal manera a nuestra rutina, que es como si estuviera tatuado en nuestra piel.

Para cada actuación tenemos una justificación. Si no, no la haríamos. El reto es conocer la justificación real, analizarla, y ver si realmente nos es válida.

En Ejercicios para la Autoestima, te propongo hoy una pregunta que te puede acercar a descubrir las “justificaciones”:

¿Tu primer impulso te dice que hagas algo, pero finalmente lo piensas y haces otra cosa? ¿Y eso? ¿Por qué? (Twittea esto)

Eso es porque el primer impulso es lo que sale de dentro, pero luego lo procesas en el pensamiento, y tus condicionantes externos te llevan a hacer otra cosa distinta.

Un ejemplo sencillo extrapolable a cualquier situación: cuando estás en la fila del cajero en el supermercado, con el carro relativamente lleno, con la compra de varios días, y estás esperando a que el anterior a ti termine. Viene una persona con únicamente 2 cosas en la mano. Desde dentro te sale el impulso de dejarle pasar. Pero luego te lo piensas y decides que no. Después de que has decidido que no, comienzas a darte todo tipo de explicaciones como… que hubiese venido antes…, tú llevas más tiempo esperando…, tienes mucha prisa…

Es decir, lo que tu primer impulso te pide hacer y lo que haces no coincide, y por ello, te justificas de mil formas.

Bueno, este ha sido, como he dicho, un ejemplo sencillo, que puede aplicarse a muchas otras situaciones.

¿Y tú? ¿Por qué haces lo que haces?

Soy Koro Cantabrana, y esta ha sido mi reflexión del día.

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